CUS , noticias , politica , sociedad Miércoles, 18 noviembre 2015

Descentralización: Tarea pendiente

Por: Joel Moreno

Con motivo de este inicio del proceso de descentralización de Útero.Pe, decidí que mi primer artículo trate sobre la descentralización del país, un tema de gran importancia para nosotros, los habitantes del interior. Podremos observar que, desde que se empezó a gestar la descentralización, hasta hoy, han habido algunos logros, pero también, en muchos aspectos, las cosas están saliendo peligrosamente mal.

Descentralización

Se supone que en esto estamos. Imagen: Noticias Ser

1. ¿Qué es la descentralización y cómo inició el proceso en el Perú?

Según la Presidencia del Consejo de Ministros, la descentralización es:

” […] un proceso político, social, económico y cultural, que tiene el propósito de configurar una nueva organización del Estado Peruano, con una visión de desarrollo integral, sostenible e inclusivo construyendo para ello oportunidades  para todos y todas en todo el territorio nacional, sin distinción de ninguna clase, para mejorar las condiciones de éxito personal y colectivo de la población.”.

Ese es el objetivo: generar gobiernos locales eficientes para que el aparato estatal se haga presente en las regiones y localidades, principalmente en las zonas más pobres y desamparadas, y así, lograr un impacto positivo en la calidad de vida de los pobladores. Estar más cerca de la gente, evaluando de manera más directa su realidad para poder dar mejores soluciones a sus problemas en materia de salud, educación, infraestructura, productividad, etc.

Después de la dictadura fujimorista, en la que se eliminaron todos los esfuerzos anteriores por consolidar un Estado menos centralista, se retomó el proceso en el 2002, con una reforma constitucional para darle un marco legal e institucional a la descentralización.

Descentralización de la geopolítica

2. Deficiencias y Virtudes

Desde que se inició, el proceso estuvo manchado por la improvisación. La promulgación de la reforma se dio en poco más de un año, sin analizar adecuadamente las consecuencias de ciertas leyes que, además, presentan varios vacíos.

En la descentralización fiscal, un problema que se observa es la desigual distribución de los recursos. Para el 2016, se ha aprobado que el 75 % del Presupuesto General de la República será para el gobierno nacional, y solo el 25% para gobiernos regionales y municipalidades. El presupuesto será el más centralista de los últimos 15 años y pone en serias dificultades sobre todo a las municipalidades, ya que éstas, debido a su gran número y al no tener la adecuada capacidad de recaudación, dependen en gran medida de esta distribución, sobre todo las rurales y las más pobres.

Se puede argumentar que este recorte se debe en parte a la pésima capacidad de gasto de las instituciones, pero esto ocurre porque desde el inicio del proceso no hubo una adecuada planificación en la transferencia de funciones y competencias, en los distintos sectores. La comunicación entre el ejecutivo y las regiones es malísima, y no se dio la capacitación necesaria, dadas las limitaciones institucionales de los órganos regionales de gobierno.

De todas maneras, es positivo que, aunque imperfecto, ya exista un marco legal, si se trabaja para que evolucione correctamente. Hoy el gobierno central está más cerca de los ciudadanos del interior del país y sus voces son tomadas en cuenta. Algunas gestiones, como las anteriores de San Martín y Ayacucho, mal o bien comienzan a ser eficientes y, en general, es un proceso en constante desarrollo.

3. Como siempre: la corrupción

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Es muy grave la gran cantidad de funcionarios procesados o encarcelados.

Aquí en Cusco, el último Presidente Regional, Jorge Acurio, fue sentenciado a cuatro años de prisión suspendida por delitos de colusión desleal y aprovechamiento indebido del cargo. Un dato curioso es que siempre se le veía en la tradicional procesión del Señor de los Temblores, en una actitud de “recogimiento y fervor”. El cinismo es inconcebible.

El más indignante es el caso “La Centralita”. Cesar Álvarez, el Presidente Regional de Ancash, hacía uso de su maquinaria del delito y el terror para ocultar las irregularidades de su gestión y la sobrevaloración de obras. Sus tentáculos alcanzaban a la Policía Nacional el Ministerio Público, el Poder Judicial y la prensa. Lo peor de todo: usaba sicarios para silenciar definitivamente a los que lo acusaban, opositores y testigos clave.

En conclusión:

Un aparato tan complejo como el del caso “La Centralita” demuestra que este no es un problema aislado de una región, sino que la corrupción está profundamente arraigada en el sistema. Se tiene que combatir integralmente, desentrañando las redes, desde las más altas esferas del Estado hasta las pequeñas municipalidades, y no al revés.

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fotografía: Canal N

La ley recientemente aprobada, que prohíbe la reelección de presidentes regionales y alcaldes, parece ser otro producto de la improvisación. Con esta ley se limita el trabajo de las buenas gestiones, ya que muy difícilmente se pueden consolidar efectos beneficiosos en un solo periodo de gobierno. Se tendrá siempre funcionarios sin experiencia y tampoco se soluciona el problema de la corrupción, ya que para lograr esto se necesita una reforma más profunda.

En cuanto a las gestiones y lo económico, se debería instituir una metodología con un mayor grado de estandarización para las transferencias a gobiernos regionales y municipalidades, quizás con criterios en base a necesidades, menos desigual y con mayor transparencia. Hubiera sido muy positivo que se lograra constituir el proyecto de las macro regiones, ya que estas tienen mayor viabilidad en todo sentido. Esperemos que este tema se replantee de mejor manera en el futuro.

La descentralización es de suma importancia, ésta propicia el respeto a la diversidad y la cultura de cada región. Un país descentralizado tiene una democracia y unas instituciones más fuertes, además se potencia la economía y la productividad, logrando así un futuro más prospero para la totalidad de los ciudadanos. Sobre todo hay que estar conscientes de que, sin descentralización, no se logrará jamás el gran objetivo del desarrollo.